Romina Pistolas no llegó a convertirse en una de las voces más visibles sobre trabajo sexual en Chile porque se lo propusiera.

Más bien ocurrió al revés: comenzó escribiendo sobre su propia experiencia y terminó abriendo una conversación que rara vez encuentra espacio fuera de los márgenes.

Nacida en el sur de Chile y radicada durante años en Australia, trabajó como stripper antes de ser escritora. Esa experiencia dio origen a Carmen o cómo me inicié en el negocio de bailar sin ropa, novela publicada en 2022 que rápidamente encontró lectores dentro y fuera de Chile gracias al boca a boca, las redes sociales y una mirada poco habitual sobre el trabajo sexual.

Porque lo que llamó la atención de Carmen no fue únicamente el tema, fue la perspectiva. En un escenario donde el trabajo sexual suele aparecer representado desde el juicio moral o la fantasía, Romina Pistolas propuso algo distinto: una historia contada desde dentro.

Dos libros, una misma conversación

Y quizás por eso resulta interesante leer hoy Carmen junto a Mi año de sexo y relajación, su publicación más reciente.

Aunque ambos libros dialogan con el trabajo sexual, lo hacen desde lugares muy distintos. Uno pone el foco en la noche, el dinero, los escenarios y la construcción de una identidad en un entorno marcado por el deseo y el espectáculo. El otro se desplaza hacia preguntas más íntimas: los vínculos, el placer, la autonomía, la soledad y la forma en que habitamos nuestros propios cuerpos.

Más que dos historias separadas, parecen dos momentos de una misma conversación.

Del escenario a la intimidad

De alguna manera, Carmen habla del trabajo sexual. Mi año de sexo y relajación habla de todo lo que existe alrededor de él. Y ese tránsito es interesante porque también refleja una discusión mucho más amplia. 

Durante años el debate público sobre trabajo sexual se ha concentrado casi exclusivamente en las condiciones laborales, la explotación o la regulación. Temas fundamentales, sin duda. Pero muchas veces se deja fuera algo igual de importante: la experiencia humana de quienes lo ejercen.

En ese sentido, ambos libros funcionan como una especie de espejo invertido. Uno observa el trabajo. El otro observa la vida que continúa cuando el trabajo termina.

Porque detrás de cualquier discusión sobre regulación, derechos o estigmas siguen existiendo personas que se enamoran, se equivocan, construyen amistades, enfrentan rupturas y buscan una forma de habitar el mundo. Algo obvio, pero que muchas veces desaparece cuando el debate público transforma a las trabajadoras sexuales en símbolos antes que en personas.

Las contradicciones de la autonomía

En Carmen, el trabajo sexual aparece como un espacio atravesado por contradicciones. Hay libertad y precariedad. Poder y vulnerabilidad. Dinero y dependencia.

No hay respuestas simples. Tampoco una intención de convencer al lector de que se trata de una experiencia necesariamente positiva o negativa. Y probablemente ahí radica una de las mayores virtudes del libro.

La propia experiencia de Pistolas parece moverse en esa zona gris. Una donde las decisiones personales existen, pero también lo hacen las condiciones económicas, sociales y culturales que las rodean.

Esa complejidad resulta especialmente relevante en Chile, donde el trabajo sexual sigue ocupando un lugar incómodo dentro de la conversación pública. Existe, pero rara vez se discute en profundidad. Se habla sobre él, pero pocas veces se escucha a quienes lo viven.

No es casual que distintas investigaciones académicas hayan advertido esa ausencia. De hecho, un estudio desarrollado por la Universidad de Chile sobre trabajadoras sexuales en el país señala que muchas de las experiencias de mujeres TS siguen siendo interpretadas desde categorías externas donde predominan discursos institucionales, jurídicos o morales, pero pocas veces sus propias voces.

Lo que no suele aparecer en la conversación

Hay otro aspecto interesante en la obra de Pistolas: obliga a mirar el trabajo sexual más allá de los titulares.

Porque cuando el tema aparece en medios o redes sociales, suele hacerlo asociado a polémicas, regulación o explotación. Son discusiones necesarias, pero incompletas. Lo cotidiano queda fuera.

Las amistades que se construyen en esos espacios. Las estrategias para enfrentar el estigma. Las formas de cuidado entre compañeras. Las rutinas. El cansancio. La búsqueda de independencia económica.

En una entrevista con El Mostrador Braga, la autora planteaba precisamente la necesidad de que las trabajadoras sexuales puedan ocupar espacios donde tradicionalmente no han sido escuchadas. Y eso es parte de lo que hacen estos libros.

No intentan hablar sobre las trabajadoras sexuales. Intentan hablar desde ellas.

Mirar desde Australia, pensar desde Chile

La mirada de Pistolas también incorpora un elemento que suele quedar fuera del debate local: la experiencia migrante.

Gran parte de lo que cuenta ocurre en Australia, un contexto social, económico y legal muy distinto al chileno.

Mientras en Chile el trabajo sexual se mueve en una especie de limbo normativo, no es ilegal ejercerlo, pero tampoco existe un reconocimiento laboral claro, distintas jurisdicciones australianas han avanzado durante décadas hacia modelos de descriminalización o regulación. Investigaciones internacionales, como A Decade of Decriminalization: Sex Work ‘Down Under’ but Not Underground, han señalado que estos marcos legales pueden mejorar el acceso a salud, seguridad y mecanismos de denuncia para quienes ejercen el TS. 

Eso no significa que desaparezcan los problemas. Pero sí cambia el punto de partida.

Cuando existen marcos legales, las discusiones pueden desplazarse desde la mera supervivencia hacia cuestiones relacionadas con derechos laborales, salud, seguridad y autonomía.

Y justamente ahí aparece una de las preguntas más interesantes que atraviesa ambos libros: ¿qué significa realmente elegir?

Porque hablar de autonomía nunca es tan simple como parece.

Lo que queda cuando se apagan las luces

Esas preguntas siguen presentes en Mi año de sexo y relajación, aunque desde otro lugar.

Si Carmen observa el escenario, Mi año de sexo y relajación parece interesarse más por lo que ocurre cuando las luces se apagan.

Ya no se trata únicamente de trabajo sexual. Se trata de intimidad. De afectos. De deseo. De las expectativas que proyectamos sobre el amor, el sexo y la independencia.

Y quizás ahí está el mayor punto de encuentro entre ambos libros.

Aunque uno hable de striptease y el otro de vínculos, ambos parecen estar preguntándose lo mismo: cómo construimos nuestra identidad cuando dejamos de cumplir el papel que otros esperan de nosotros.

Porque al final, el trabajo sexual termina funcionando como una puerta de entrada hacia preguntas mucho más amplias.

Preguntas sobre el cuerpo, el deseo y la libertad.

El peso de la mirada ajena

Hay algo que atraviesa tanto Carmen como Mi año de sexo y relajación, aunque nunca aparezca como un tema único o explícito: la mirada de los demás.

Porque hablar de TS no sólo implica hablar de dinero, condiciones laborales o autonomía. También implica hablar de estigma.

Diversas investigaciones realizadas en Chile han mostrado que muchas trabajadoras sexuales enfrentan discriminación  en ámbitos tan diversos como la salud, la vivienda, las relaciones familiares e incluso el acceso a servicios básicos. No necesariamente por el trabajo en sí, sino por lo que la sociedad proyecta sobre él.

Y quizás ahí aparece una de las preguntas más relevantes que dejan los libros de Romina Pistolas: ¿cuánto de lo que pensamos sobre el trabajo sexual proviene de experiencias reales y cuánto proviene de relatos construidos por otros?.

Durante décadas, gran parte de las representaciones sobre trabajadoras sexuales fueron escritas desde afuera. Desde la prensa, la política, la academia o la ficción. Muy pocas veces desde quienes efectivamente habitaban esos espacios.

Por eso la escritura de Pistolas resulta interesante más allá de su experiencia personal. No porque entregue una verdad definitiva, sino porque incorpora una voz que históricamente ha tenido pocas oportunidades de participar en la conversación pública.

Más allá del trabajo sexual

Tal vez por eso reducir los libros de Romina Pistolas únicamente a la etiqueta de "literatura sobre trabajo sexual" se queda corto.

Sí, el trabajo sexual está presente. Y sí, es una parte fundamental de la experiencia que da origen a estas historias.

Pero lo que termina quedando después de la lectura es algo más amplio.

Una reflexión sobre quién tiene derecho a contar su propia historia. Sobre las versiones simplificadas que solemos construir de ciertas vidas. Y sobre la distancia que existe entre los discursos públicos y las experiencias reales.

En tiempos donde gran parte de la conversación sobre trabajo sexual ocurre a través de opiniones ajenas, debates en redes sociales o representaciones construidas desde fuera, estas escrituras proponen algo bastante más simple y, quizás por eso mismo, más potente.

Hablar desde la experiencia.

No para entregar respuestas definitivas, sino para recordarnos que detrás de cualquier debate siempre hay personas cuyas vidas son mucho más complejas que las categorías con las que intentamos explicarlas.

Kathy Molina Chacón es periodista y Licenciada en Comunicación Social. Escritora de artículos periodísticos e investigativos para medios y revistas, con publicaciones en temáticas como cultura, género, salud, comunidades y derechos humanos. Ha colaborado en El Mostrador, donde reúne crónicas, entrevistas y reportajes de enfoque social y cultural. Cuenta con experiencia en comunicación estratégica para organizaciones, fundaciones, proyectos y entidades estatales de Chile, especializándose en la creación, gestión y ejecución de estrategias de comunicación multimedia orientadas al fortalecimiento de la vinculación con comunidades a nivel local y nacional. Trabaja en equipos interdisciplinarios desarrollando contenidos, campañas, narrativas institucionales y líneas editoriales, aportando una perspectiva comunicacional integral y sensible al contexto social.